Tarta de queso cremosa al estilo La Viña

  • Myddna 

El de las tartas de queso es todo un mundo aparte con mil variantes.

A lo largo de los últimos años han surgido varias modas relacionadas con ellas que seguro que os suenan como mínimo de haberlas visto (e incluso catado).

En casa la tarta clásica con base de galleta nos gusta mucho, pero hay que decir que la tarta de queso japonesa, elevada a la perfección por la receta de Craft Passion, está deliciosa de manera directamente proporcional a lo que cuesta hacerla. Que es mucho.

Sin embargo hay una especie de tartas de queso que están buenísimas también y que son más fáciles incluso que la de base de galleta.

Se caracterizan por ser más cremosas, incluso puede que líquidas en el centro, y últimamente proliferan en los restaurantes más modernillos.

La tarta de hoy proviene de una receta de El Comidista, tomada a su vez del Bar la Viña de San Sebastián (ojo al vídeo de la receta del bar, que es incluso más bestia), y que yo también he adaptado a mi manera para no morir de un empacho.

Hace unos años nos habrían mandado a la hoguera por hacer una tarta tan «fea». Actualmente, la belleza de las tartas de queso está en el interior.

Ingredientes para la tarta de queso (para un molde alto de 20 cm de diámetro)

  • 570 g de queso crema
  • 4 huevos
  • 220 g de azúcar (yo lo he encontrado demasiado dulce para mi gusto, si no te va tanto el dulce redúcelo a unos 180 g)
  • 6 g de harina
  • 115 g de nata de montar

Esta cantidad es un poco más de la mitad de la receta de El Comidista.

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Preparación de la tarta de queso

Precalentamos el horno a 220º, calor arriba y abajo.

Cogemos un molde alto de 20 cm de diámetro (yo prefiero este – enlace NO patrocinado – y así no se desborda). Lo forramos por dentro con papel de horno, ayudándonos de un poco de agua para que quede fijado.

En un bol grande mezclamos los huevos con el azúcar con unas varillas de mano (o una amasadora si no os apetece hacer ejercicio). Batimos enérgicamente hasta que se disuelva el azúcar en la medida de lo posible). Incorporamos el queso y seguimos batiendo con paciencia hasta que se vayan todos los grumos.

Añadimos la nata, la harina, y volvemos a mezclar hasta que la masa esté homogénea.

Vertemos en el molde nuestra preparación.

Yo me ayudo de un palillo chino para revolver la capa superior y así aplanarla un poco.

Introducimos la tarta en el horno, bajamos la temperatura a 210º y horneamos durante 40º. En ese tiempo la tarta subirá un montón (de ahí que me guste más utilizar el molde de pared alta) y se dorará por arriba.

Sacamos la tarta del horno. Bailará como un flan, pero ¡es normal! y la dejamos reposar mínimo 2 horas hasta que se enfríe del todo.

La tarta perderá volumen hasta quedarse en unos manejables 3-4 centímetros, y podremos trasladarla a un plato.

La tarta es MUY húmeda

Podemos guardarla cubierta un día a temperatura ambiente, o mejor aún meterla en un tupper en cuanto podamos y al frigorífico.

Bonustrack: ¿Acompañamiento?

La tarta por sí sola no necesita acompañamiento, pero siéntete libre de añadirle mermelada, frutillas frescas o cocinadas en su jugo.

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